LOS BLOQUES OPOSITORES: DILEMAS Y PERCEPCIONES EN SU RELACIÓN CON EL CHAVISMO

Por: Gabriel Flores, politólogo

En las siguientes líneas abordaré cómo la relación del Chavismo con la diversidad de oposiciones está directamente relacionada a la percepción y tratamiento que tienen los bloques opositores hacia el Chavismo.

La variable del reconocimiento hacia el Chavismo ha fragmentado a la Oposición, ya que de allí se desprenden distintos cursos de acciones enmarcados en estrategias y narrativas distintas, produciendo una suerte de tribalización del liderazgo opositor, lo que deja en segundo plano elementos de contenidos programáticos, viabilidad de propuestas y acciones. En este sentido, la dirigencia ha generado discursos dirigidos solo para sus seguidores de base, alimentando la lógica de confrontación, y teniendo como consecuencia el cuestionamiento a todo intento de reconocimiento y unificación que no gire en torno a la propuesta ‘del líder que me representa’. Esto ha hecho que se puedan percibir al menos 3 bloques opositores:

Por un lado tenemos al bloque opositor conocido como el G4, que llamaremos bloque A, liderado por Juan Guaidó. Este bloque lo conforman los partidos políticos: Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo tiempo y Voluntad Popular. También hay otros partidos de menor influencia como: Encuentro Ciudadano, NUVIPA, entre otros. En la narrativa de este bloque, el reconocimiento a Nicolás Maduro se plantea en los siguientes términos: Maduro es un narcodictador, está usurpando el poder Ejecutivo Nacional, por lo tanto, todo acto institucional o elecciones bajo su mandato será fuertemente cuestionado. A partir de esta narrativa, se configuró el Gobierno (E) como institución paralela que goza de legitimidad internacional como interlocutor aprobado por distintos actores internacionales. La estrategia de este bloque radica en la generación del quiebre en la coalición dominante (Chavismo – FANB), y busca, a través de negociaciones, condiciones electorales para elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales. A este bloque lo mantiene unido el reconocimiento a Maduro como dictador, y el cuestionamiento a todo acto institucional o electoral que devenga de su administración.

Por otro lado, tenemos a un sector de la Oposición que siempre ha manifestado la intención de no abandonar la arena electoral aun cuando el escenario institucional se incline a favor del Chavismo. A este sector lo llamaremos bloque B que se compone de tres subgrupos: b1, b2 y b3. En líneas generales, la narrativa de este sector radica en no abandonar los procesos electorales y actos institucionales, ya que, de hacerlo, solo se fortalecería al Chavismo y perjudicaría a los ciudadanos. El reconocimiento a Maduro como presidente o dictador queda en segundo plano.

En el subgrupo b1, encontramos a los siguientes actores: la Asociación de Alcaldes por Venezuela, conformada por los alcaldes de los municipios: Chacao, Baruta, El Hatillo, Los Salias, Diego Bautista Urbaneja, entre otros, quienes recientemente dieron vida a la organización política Fuerza Vecinal,  liderada por el alcalde de Chacao, Gustavo Duque, en alianza con los alcaldes de la organización mencionada, el dirigente político David Uzcátegui y otros actores. Este sector ha manifestado la intención de defender los municipios en su dominio y expandir sus gestiones modelos en otros lugares del país. Asimismo, se observan otros dirigentes nacionales y partidos como Alianza del Lápiz, de A. Ecarri, e incluso dirigentes de partidos como Acción Democrática que han manifestado la intención de conquistar nuevos espacios de poder y trabajar en función de promover el desarrollo y defensa del terreno regional y municipal.  

Este grupo no mantiene una relación hostil con el G4 ni con otros factores de Oposición, evitan la confrontación con el Chavismo y con otros factores de Oposición. En su discurso, plantean que buscan soluciones, sumar y proponer y no a pelear y atacar.

Por otro lado tenemos al subgrupo b2 con los siguientes actores: Henri Falcón, Claudio Fermín, Timoteo Zambrano, Javier Bertucci, entre otros, conformando la Alianza Democrática quienes han manifestado desde el año 2018 su intención de participar en toda elección que se realice en el país. Surgiendo en rechazo a la estrategia del G4 de la abstención. Asimismo, se asumen enemigos de la estrategia del G4. En torno al ámbito del reconocimiento a N. Maduro, este grupo lo acepta como presidente.

En otro orden, tenemos al subgrupo b3, compuesto por actores como: Luis Parra, José Brito, Negal Morales, entre otros. Este subgrupo es fuertemente cuestionado porque su puesta en escena surge luego del polémico caso de los alacranes, y por la discutida juramentación en el Parlamento en enero del año 2020, generando la percepción de estar tutelado por el Chavismo. Este bloque también reconoce a N. Maduro como presidente legítimo, se asume enemigo de la estrategia del G4 manteniendo un discurso confortativo con dicho grupo opositor.

Por otro lado, vemos a Henrique Capriles como dirigente político nacional que mantiene afinidades discursivas similares a las del subgrupo b1. Este actor ha movido el tablero interno con pronunciamientos y reuniones con el Chavismo, fijando posturas en relación a la estrategia asumida en los últimos años por el G4.

Por otro lado, tenemos al bloque 3 representado por el sector opositor radical. Este grupo mantiene un discurso radical y confortativo hacia el Chavismo, liderado por María Corina Machado, con una narrativa que expresa que a Maduro solo se le debe tratar como criminal, y por lo tanto la fuerza es la única opción viable para establecer la relación con la cúpula Chavista. Esta narrativa desprende un curso de acción que depende de la intención, recursos, disponibilidad e intereses de actores externos de cara a la generación de una amenaza creíble como mecanismo de expresión de fuerza. No ofrece acciones internas, siendo ese el vacío que la Oposición necesita cubrir.

En las dinámicas en el universo de la Oposición vemos que usualmente la narrativa del bloque 1 se conecta con la del bloque 3 cuando se trata de rechazar todo acto institucional y /o electoral del Chavismo, cuestionando no solo a la cúpula que controla al Estado, sino a los actores opositores que deciden participar en dichas dinámicas. Asimismo, se aprecia que las narrativas de los subgrupos b2 y b3 se alinean cuando se trata de atacar a los dirigentes del G4 y su estrategia. Todo esto genera la percepción de una Oposición débil y desarticulada, lo que alimenta la desconfianza hacia quienes adversan al Chavismo.

SOBRE LA DINÁMICA DEL CHAVISMO CON LOS BLOQUES OPOSITORES

Finalizando el año pasado escribí sobre los dilemas del universo opositor de cara al 6-D y cómo el Chavismo mediante un juego de percepciones profundiza e instrumentaliza la fragmentación opositora para su beneficio. En dicha reflexión comentaba que el Chavismo “hace creer que un bloque de la Oposición está haciendo lo que el Chavismo no quiere que haga, mientras que el otro bloque opositor está haciendo lo que el Chavismo quiere, cuando en realidad todos los bloques opositores están actuando como el Chavismo lo ha calculado (…) al tener la capacidad de producir resultados institucionales y de otorgar premios y castigos en el statu quo, el Chavismo logró persuadir a un sector opositor para que accediera a jugar bajo su narrativa. Así demostró que está cediendo cierta capacidad de veto institucional a un sector que no representa una amenaza frontal a sus intereses. De esta forma, el jugador desplazado sería espectador de la dinámica institucional, o en el peor de los casos: la ‘antipolíticia’. Por lo tanto, la fragmentación opositora y que ‘cada quien actúe por separado’ es exactamente lo que busca el Chavismo”.

En la actualidad esa consistencia del juego Chavista no parece variar. El Chavismo ha fomentado que los sectores opositores se distancien y actúen por separado para evitar que jueguen unidos en dinámicas institucionales, o que no participen en ellas.

Todo esto ha tenido éxito para el Chavismo, ya que el G4 en su estrategia de quiebre y creación del gobierno (E) como institucionalidad paralela, redujo su campo de acción interna a maniobras que no poseen incidencia real en el entramado institucional que controla el Chavismo. La dinámica política ha demostrado que tal curso de acción no solo ha sido insuficiente, sino que ha profundizado el proceso de desgaste opositor, ya que dicha narrativa pasó a ser una camisa de fuerza en la que toda acción del G4 que pase por participar activamente en procesos institucionales y/o electorales parece ser una contradicción con lo que han venido planteando, ya que pasa por el terreno del reconocimiento hacia Maduro. Ante esto, al Chavismo le interesa que el G4 continúe con esa dinámica que les permite anularlos del juego institucional.

Sin embargo, de acuerdo a este ejercicio de aproximación, el G4 pareciera haber comprendido la intención del Chavismo de fomentar la división del universo opositor cediéndole a unos grupos capacidad de participación en el entramado institucional. Al estar al tanto de esta consistente jugada, puede abrirse una posibilidad para que este bloque se plantee la unidad, actuación y cuestionamiento activo en procesos del sistema mediante la participación en dinámicas institucionales condicionadas. En este orden presentan el Acuerdo de Salvación Nacional junto a un cambio discursivo en el que se contempla la posibilidad de participar en el proceso electoral del 21 de noviembre, a pesar del desconocimiento a las instituciones controladas por el oficialismo.

Ante todo esto, el Chavismo sigue viendo que el problema principal para la unidad opositora radica en la aproximación y tratamiento a su reconocimiento como actor político; y ante la ambigüedad del G4 en torno a la participación del proceso electoral del 21 de noviembre, buscará hacer que el G4 descarte totalmente la participación. Antes lo hacía dividiendo a todo el G4 del resto del universo opositor. Ahora lo hará dividiendo internamente al mismo G4, como lo ha intentado desde que les entregó a otros actores  las tarjetas y partidos políticos como AD y PJ. Esta vez intentará dividir al G4 a través de acciones que perjudiquen específicamente a Voluntad Popular (más frontales del G4), quizás para intentar que VP promueva que los otros partidos del G4 no participen en el juego electoral, y desistan de la  estrategia de negociación (Acuerdo de Salvación Nacional), con discursos como el que dio Jorge Rodríguez en la rueda de prensa del 13/07/2021 que acusa a dirigentes de VP de actos criminales, o como el discurso de Maduro el día anterior, en el cual planteó condiciones para negociar en México: “Pido 3 condiciones para ir a México: Primero que EEUU levante todas las sanciones sobre Venezuela, segundo que los sectores políticos reconozcan la validez y funcionamiento de los poderes públicos y tercero que todos los sectores renuncien a planes violentos. Pudiera agregar una cuarta y es que se incorporen todos los sectores políticos que quieran unirse”. Demostrando que negociaría no para discutir la cuestión de su reconocimiento, sino para hablar sobre: economía, servicios públicos y seguridad.

El universo opositor debe superar los dilemas que les pone el Chavismo. Es contraproducente que el debate para la unificación de la Oposición y posterior tratamiento hacia el Chavismo se centre en el tipo de reconocimiento hacia Maduro, ya que, en ese terreno hay narrativas que cierran posibilidades de articulación. Para hacerle frente al Chavismo, el debate opositor podría ser más efectivo si se centra en el cuestionamiento de su dominio a través de su participación en procesos del sistema que controlan. Cuestionar al Chavismo es cuestionar activamente los procesos institucionales del sistema. El dominio Chavista está y resistirá a todo tipo de desconocimiento. Cuestionar su reconocimiento sin cuestionar activamente su dominio no ejerce efectos internos reales en el statu quo.

Analizar las elecciones del 21 de noviembre como un dilema y no como un mero proceso institucional puede generar disonancia e incomodidad. Aun así, en el peor escenario conviene más a toda la Oposición participar y no quedarse rezagada en la dinámica institucional controlada por el Chavismo, ya que esto les da margen de maniobra para confrontar directamente al régimen desde su dominio, y daría espacio para la reconexión con los ciudadanos, dinamismo partidista y movilización social.

Mientras tanto el Chavismo continuará con el rediseño de una nueva lógica en el régimen político para tratar de sortear la inestabilidad del sistema y su relación con el entorno internacional. Esto no representaría un cambio de sistema ya que no cambiaría el ordenamiento y/o dominio institucional, sino las relaciones entre actores en las dinámicas institucionales. Esta realidad que existe y se resiste requiere de cuestionamientos desde los propios procesos del sistema de forma articulada y unida.

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