La autodeterminación de los pueblos, mucho más que un principio

Por Rommer Ytriago | Politólogo y Coordinador del Área de Relaciones Internacionales de VENPAIS

Uno de los principios jurídicos que suele utilizarse como argumento de lucha y línea discursiva, enarbolado por el populismo en Suramérica -en especial por la izquierda-, es la autodeterminación de los pueblos, para referir una contraposición y un rechazo a formas de dominación como lo son el imperialismo y el colonialismo.

De igual modo, les da pie para que muchas sean las prédicas contra lo que afirman es el sistema político estadounidense, referido en forma despectiva como “imperialismo yankee”, que sin más explicación que ello, el asunto estribe en generar antagonismos para con Estados Unidos, su democracia y los distintos gobiernos de Latinoamérica con los que sostenga relaciones.

La verdad, es que el asunto es mucho más complejo de lo que parece por la simpleza con la que se utiliza el término sin el debido uso y verdadero significado o en todo caso, sin el respeto por lo establecido en la norma internacional.

Así es como se le ha llegado a confundir con dos entidades muy precisas que son: el concepto de secesión y el principio de libre determinación; el primero, según el Derecho Internacional Público -en el estricto sentido-, es una de las formas de separar e independizar una de las partes del territorio de un Estado Soberano; el segundo, refiere al derecho de establecer su condición política, desarrollo económico, social y cultural, tal como es reconocido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas de 1966. i

Es a razón de esta errada interpretación, que la autodeterminación de los pueblos -hoy más que nunca- debe dejar de ser una expresión vaga y antagónica, para situársele como un concepto de mayor envergadura y del cual se desprenden ciertos mecanismos jurídicos inherentes a sus muy particulares fines.

Lo conveniente entonces es explicar, que el acto de independizarse requiere: una declaración unilateral de independencia, control territorial y reconocimiento de otros Estados soberanos, pero muy particularmente del Estado originario (soberano) del que se desvincula un pueblo. El hecho de emanciparse no quiere decir que sea porque es netamente colonial, pero, si es invocando el referido principio de la autodeterminación de los pueblos, entonces sí lo será, poniendo de manifiesto la diferencia; pero, por muy significativo que esto sea, ello no excluye el respeto para con los preceptos jurídicos internacionales, donde la integridad territorial de los Estados está por encima de cualquier cosa.

Vale la pena mencionar que desde 1945, no se ha dado ningún reconocimiento por parte de Naciones Unidas a la existencia de alguna Unidad Política Territorial que esté fuera de la normativa contemplada para los procesos de descolonización y secesión sin el común acuerdo con el estado matriz u originario del que se retira; a pesar de esto, no quiere decir que no han ocurrido casos de secesión sin reconocimiento, por ejemplo se han seccionado de Pakistán en 1947, Singapur en 1965 y Bangladesh en 1971, porciones territoriales importantes, como también se han presentado los casos de: la declaración de independencia de Transnistria en 1990 de Moldavia, Osetia del Sur en 1991 y Abjasia en 1992 de Georgia, así como Kosovo de Serbia en 2008.

Estos hechos demuestran desde el enfoque legal que una declaración de independencia, en nombre de la autodeterminación procede únicamente de los pueblos que son coloniales y el respeto a tal principio va direccionado justamente al reconocimiento del deseo de estos a ser soberanos, libres e independientes para que gocen del principio de la libre determinación como establece el canon internacional, específicamente en la resolución 2625 (XXV) de 1970 de Naciones Unidas referente a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados. ii

El hecho subyace en el respeto, pero muy particularmente en la respuesta que debe darse frente al populismo y sus expresiones en los movimientos anticolonialistas o antiimperialistas, donde no se puede obviar la confusión en del vocablo, la utilización de los términos y aceptar una línea discursiva fuera de contexto.

Por ello se hace apremiante precisar las concepciones que se manejan en el discurso político de modo ligero, para así discernir que cuando se habla de pueblos coloniales, se entiende que son aquellos territorios que separados geográficamente, se componen cultural o étnicamente distinto al país que les administra; orientación que es base para distinguir casos en todas partes del mundo a las que aplique esta consideración, en los cuales se puede justificar la independencia de una minoría nacional, cuando discriminados en la conducción y participación política del Estado regente o afectados por persecución de credo, raza u otra consideración, busque la independencia.

Con base a lo dicho, complejos casos como el de Crimea al sur de Ucrania, destacan porque se les ha querido considerar como un pueblo y no como lo que es, una región, de mayoría ruso-parlante y de minoría nacional que se encuentra dentro del Estado Soberano Ucraniano, aunque actualmente sufre la anexión indebida al territorio ruso.

Pese a esta situación, conviene decir que, sobre la cuestión de las minorías nacionales, el Derecho Internacional Público también prevé que estas tienen el derecho a la participación política, a un trato igualitario frente al territorio matriz porque compone un todo globalizante. En cierto modo, esto pudiese significar la condición de autonomía, pero nunca le sería permitido independizarse ni tendría derecho a exigir en nombre del principio de la autodeterminación tal cuestión, ya que no sería considerado si quiera un pueblo colonial, lo que es aliciente para entender la propia situación de Ucrania, de Cataluña y País Vasco en España.

En consecuencia, se puede interpretar que la constante propaganda política e ideológica -exacerbada-, inculca un error de forma y de fondo que no remite directamente a dejar plantada una posición política coherente y más sí se está en contra de formas de dominación, invocando principios que ninguna significación real aportan al uso que le dan, lo que torpemente colisiona con los preceptos de la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, aprobada por la resoluciones 1514 (XV)iii y 1541 (XV) de 1960, al ser “(…) incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas” como de otros derechos fundamentales.

Finalmente es así, como la autodeterminación de los pueblos es mucho más que un principio.

Referencias:

i Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2200 A (XXI), de 16 de diciembre de 1966. [Documento en Línea] Disponible en: https://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/CCPR.aspx [Consulta 2019, noviembre 25].

ii Declaración sobre los principios de Derecho Internacional referente a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas del 24 de octubre de 1970. Aprobada por la resolución 2625 (XXV). [Documento en Línea] Disponible en: https://dudh.es/declaracion-sobre-los-principios-de-derecho-internacional-referentes-a-las- relaciones-de-amistad-y-a-la-cooperacion-entre-los-estados-de-conformidad-con-la-carta-de-las- naciones-unidas/ [Consulta 2019, Noviembre 25].

iii Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, Aprobada por la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1960. [Documento en Línea] Disponible en: https://www.un.org/es/decolonization/declaration.shtml [Consulta 2019, noviembre 24].

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