Suramérica entre olas

Por: Rommer Ytriago | Coordinador del Área de Relaciones Internacionales de VENPaís

La interesante dinámica que atraviesa Suramérica invita a una profunda reflexión de los elementos que juegan a favor de la llegada de fenómenos como la marea rosa en detrimento de la conservadora de centro-derecha que alcanzó su mayor auge en 2018. Por supuesto, el centro del análisis estriba en el regreso de la izquierda en la política regional.

Este término de ola rosa o marea, tiene sus primeras apariciones en la década de los años 1990, cuando los gobiernos de la región se inclinaban a romper con las políticas establecidas por el Consenso de Washington (recetario de reformas políticas y económicas de costo social elevado para estabilizar a los Estados), después, con el establecimiento de lo que suponía gobiernos cuya tendencia política se definía por la socialdemocracia y no por los radicalismos ideológicos de izquierda.

Tal situación planteaba que no se estaba ante un escenario rojo, color característico del comunismo sino más bien rosado, es decir, matizado o menos fuerte.

No obstante, el paso de la ola conservadora (2010-2020) deja enseñanzas para hacer frente a los tiempos que animan a un resurgimiento de la rosa o tal vez marea roja desde finales de 2018; la última vez que se proyectó de forma exponencial fue en 2011 en respuesta al ascenso del Foro de Sao Paulo, entidad política que había permeado a la región considerablemente, como “un instrumento de la izquierda para desestabilizar las democracias de América Latina.» (BBC,2019)[i].

Los hechos más resaltantes de ese primer descenso abarcaban la salida de Manuel Zelaya de Honduras, la destitución de Fernando Lugo en el Paraguay, la llegada de Sebastián Piñera en Chile, de Enrique Peña Nieto en México, Jimmy Morales en Guatemala, Mauricio Macri en Argentina, la asunción de Michel Temer y luego Jair Bolsonaro en Brasil, Pedro Pablo Kuczynski y Martin Vizcarra después en el Perú, Lenin Moreno con el giro político en la orientación de su gobierno en el Ecuador, Alejandro Giammattei en Guatemala, la renuncia de Evo Morales, el Gobierno Interino de Jeanine Añez en Bolivia y Luis Lacalle Pou en Uruguay.

Lo que en particular denotó como “a partir de 2013 se modificó el balance de relaciones internacionales (…)” jugando a favor de esfuerzos democratizadores en contra de “(…) una diplomacia dadivosa y los vientos regionales favorables de “la marea rosa””. (Cardozo, 2020, pág.150)[ii].

Sin embargo, los recientes hechos que por un lado han girado en torno a la ascensión de nuevos gobiernos, es decir, con Andrés Manuel López Obrador en México, Laurentino Cortizo en Panamá, Alberto Fernández en Argentina (en fórmula con la Expresidente Cristina Fernández de Kirchner), Luis Arce en  Bolivia y por otra parte, con las protestas en Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Honduras, más un eventual triunfo en elecciones primarias en Ecuador por el candidato Andrés Arauz, da cuenta de un nuevo surgimiento de otra ola rosa.

Lo peligroso de volver a transitar un ambiente político de izquierda en la región, no es porque a simple vista se esté de acuerdo con el rol del Estado y la tutela de la economía, con políticas más o menos populistas e incluso con pausas en la “debida” continuidad administrativa de un gobierno a otro.

Se trata de las alianzas políticas, de grandes desafíos para el sostenimiento del Sistema Internacional, de la implantación de sistemas autocráticos y totalitarios cuyos esquemas desvirtúan el funcionamiento occidental del que Suramérica es parte; ello ha pasado fundamentalmente por la forma como se ha afrontado a la crisis de estos tiempos -en referencia al cambio de época que se va acercando, conducente a una nueva estructura internacional-, crisis del liderazgo, crisis de las instituciones y crisis de la democracia.

Por lo que aceptar que la ola conservadora esté mermando se traduce en un cúmulo basto donde se ha perdido el trabajo político en la renovación de líderes, en la falta de implementar, “la solidaridad política con organizaciones partidistas, organizaciones sociales, organizaciones no gubernamentales, sectores académicos y medios de comunicación social (…)” sectores sindicales, así como de una pasividad en “(…) el despliegue de las estrategias de “poder real”. (Serbin, Serbin, 2014, pág.296)[iii]; se ha querido hacer contención y nada más.

No ha sido efectiva la acción, el discurso, la aplicación de políticas que respondan a ir más allá de la coyuntura que dejan los desafueros del paso de la izquierda suramericana, no hay verdadera evaluación del alcance que se están dando en un conjunto de factores que bien pudieran señalarse de “fuerzas profundas”[iv] para hacer referencia al concepto de Pierre Renouvin y Jean Baptiste Duroselle, que logra describir como la influencia ejercida sobre las masas, sus condiciones materiales y las estructuras económico-sociales y sus cambios repercuten en las condiciones en las que interactúan los Estados y se condiciona el desarrollo de su existencia en favor de intereses políticos superiores.

Este compendio de elementos demuestra como los líderes suramericanos al parecer no han querido entender que se está ante la dura intromisión de “(…) un proyecto geopolítico internacional que persigue servir de expresión de un movimiento continental para aglutinar a las fuerzas de izquierda radical que se mueven en el hemisferio”. (González Urrutia,2008, pág.2).[v]

A la par de este panorama, son diversas las fuentes que señalan la urgencia de operaciones para evitar que fenómenos como el autoritarismo y la autocratización cobren como ganancia lo que el espectro político de izquierda les brinda precisamente por consolidar, aumentar y expandir intereses convergentes.

Así, el retroceso en la sociedad internacional de Estados democráticos va dando forma al derrumbe del sistema democrático como sistema político, donde solo 3 países de Latinoamérica y el Caribe gozan de democracia plena, 13 de defectuosa democracia, 5 de regímenes híbridos y 3 de autoritarismos o autocracias según el Democracy Index de The Economist (2020).[vi]

 El desafío será entonces que en esta década se logre surfear la ola roja y generar las condiciones para que Suramérica no viva entre olas.

Referencias de interés bibliográfico:


[i] BBC. (2019). Paro nacional: qué es el Foro de Sao Paulo, al que vinculan con las protestas en Chile o Colombia (y por qué le preocupa tanto a la derecha de América Latina). Recuperado el 23 de Febrero de 2021, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50481480

[ii] Cardozo, E. (2020). Democratización y Resiliencia Autoritaria. En autocracias del siglo XXI, caso Venezuela, Edit. Danhar.

[iii] Serbin. A; Serbin A. (2014) “Quince años de Política exterior bolivariana: ¿entre el soft-balancing y la militarización?”. Pensamiento propio, págs. 287-326.

[iv] Renouvin, P., & Duroselle, J. B. (2000). Introducción a la historia de las relaciones internacionales. México: Fondo de Cultura Económica.

[v] González, U. E. (2008). “La Política Exterior de Venezuela y la Nueva Geopolítica Internacional”. Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales.

[vi] The Economist. (2021). Democracy Index 2020. Recuperado el 06 de Febrero de 2021, de https://www.eiu.com/n/campaigns/democracy-index-2020/

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